En medio de una sociedad que avanza aceleradamente, es común observar un crecimiento en el número de iglesias y de personas que se congregan; sin embargo, esto contrasta drásticamente con la crisis espiritual que padece nuestra generación. El problema central no radica en la escasez de lugares de adoración, sino en una carencia mucho más profunda que impacta nuestra realidad. Es un momento crucial para examinar nuestra identidad espiritual y preguntarnos qué es lo que verdaderamente estamos reflejando ante aquellos que no conocen la luz de la verdad.
El mundo está pereciendo y no porque falten congregaciones, la situación que se vive hoy es el resultado de la ausencia de testigos. ¿Ausencia de creyentes, ausencia de cristianos, ausencia de congregaciones? No. Ausencia de testigos de Dios. El reto de Dios es que lleguemos a ser testigos suyos a todos los hombres.
Ser testigos suyos es el resultado de un proceso. Si no lo vemos a él, si no lo oímos a él, terminamos en la condición en la que estamos hoy.
Por lo tanto, es un llamado a volver el corazón al Señor. Hay que volverlo cada día, una disposición constante, cada día abrazar lo que debemos abrazar y desechar lo que el Señor nos manda desechar. Es una experiencia que debe crecer en nosotros.
El reto de Dios es que lleguemos a ser testigos suyos. Las historias en las Escrituras describen dos vidas, dos naturalezas, dos reinos, dos hombres. Uno es Cris
A
Hay una inclinación en nosotros de creer que el evangelio se reduce a expresiones, a convicciones que aprendemos, a doctrinas que memorizamos, a un lenguaje que usamos. El evangelio no trata de eso. Trata de una vida, esencia, naturaleza, justicia que debe formarse en nosotros y otra que tiene que morir. Hasta que eso suceda no vivimos el evangelio.
No se trata de tiempo cronológico, sino de cuánto de Cristo es formado en nuestros corazones y es real en nosotros. Puedes llevar 30, 50 o 70 años congregándote, sin que se forme Cristo en ti.
Tenemos mucho de parecido con los judíos, tenemos velos en nuestros corazones, la imagen de lo que hoy traemos tiene muy poco de él y mucho de nosotros todavía. ¿Qué pasa cuando se vuelven al Señor? El velo se quita. Cuando vemos a cara descubierta, sin velo, vemos la gloria del Señor que es Cristo. Pablo mira dentro de su corazón, porque es donde habita Cristo. No hay transformación sin la experiencia de ver al Señor en nuestro corazón.
Este poderoso mensaje nos invita a dejar atrás una religión basada únicamente en doctrinas memorizadas o en años de asistencia, para dar paso a una verdadera transformación interior. Quitar los velos de nuestro corazón significa permitir que la gloria del Señor nos moldee, haciendo que nuestra propia naturaleza mengüe para que Él crezca. Solo al contemplar y experimentar diariamente al Señor en nuestro interior, lograremos vivir el auténtico evangelio y nos convertiremos en los testigos vivos que el mundo tanto necesita ver.
Compartido por: Pastora Marianela Franco.


No hay comentarios