Entre los escombros

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El viaje me pareció muy largo; la llamada de alerta había sonado en la estación hacia unos 10 minutos y aunque soy un bombero profesional me...
Comentarios abril 02, 2016
Entre los escombros
escombrosEl viaje me pareció muy largo; la llamada de alerta había sonado en la estación hacia unos 10 minutos y aunque soy un bombero profesional me pareció una eternidad. Cada vez que cruzábamos una esquina mi temor aumentaba. Llegamos al sitio y aunque estaba consumido por el fuego, en mi corazón ardía distinto; la esperanza de hallarla. Recuerdo que rompí varias cosas con el hacha; el traje me sofocaba; tenía ganas de llorar… el recinto me parecía vagamente conocido: vi las sillas, la mesa del comedor, la televisión; en un instante la imagine en todos estos lugares. Cuando llegue a la puerta de su cuarto la derribe con una patada, pues la perilla muy caliente y eso era mala señal: el cuarto estaba lleno de fuego. Pero al verla sonreír supe que todo había valido la pena. Entonces abrace a mi hija y rápidamente me dirigí a la calle; nuestras pertenencias eran un montón de cenizas y lo todavía en pie permanecía oculto por un denso humo. Afuera me esperaban mis compañeros, nadie se había arriesgado a entrar por las críticas condiciones. También yo lo sabía; no los culpo por eso. Extrañamente mi hija estaba muy tranquila y solo hasta que fuimos atendidos por los paramédicos pude detallar un objeto entre sus manos: era una pequeña biblia, de tapa dura, color azul; al abrirla pude leer
“Porque de tal manera amo DIOS al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Entendí en carne propia el significado de entregar a su hijo. Acepte el regalo de la vida eterna y el sacrificio de cristo ese mismo día. Todavía vivimos alquilados, y aunque sigo siendo un bombero arde en mi corazón una inagotable llama que no puedo ni quiero apagar; la de Jesucristo Salvador y Señor Nuestro.

Por Eduardo joudzbalis

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